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"Cada año mueren cerca de 10 millones de menores de cinco años de edad y más de 200 millones no desarrollan todo su potencial, simplemente porque ellos o sus cuidadores carecen de condiciones básicas necesarias para sobrevivir y prosperar", según la UNICEF al referirse a lo que ocurre con los niños y niñas en sus primeros años de vida.

El asunto de la Primera Infancia tiene que ver con todo aquello que debe ofrecerse a una niña o niño, de entrada, para asegurarles una buena salud y nutrición apropiadas. Implica también que en su entorno se cuente, por ejemplo, con los servicios básicos de agua potable y saneamiento. Esto, de inicio, podría facilitar su sobrevivencia y desarrollo.

Sin embargo, en muchos países esto no está asegurado. Con un comienzo adecuado en estos primeros años de la infancia, es viable romper el ciclo de pobreza, enfermedad e incluso la desigualdad de género y la violencia que llega a trascender a generaciones.

En estos días escuchaba al jefe de comunicación de UNICEF México, Dailo Alli, que la violencia –por ejemplo–, en la Primera Infancia crea un estrés tóxico que no permite que el cuerpo del niño absorba los nutrientes de la comida, lo que impacta necesariamente en su desarrollo físico y mental. Si no tiene nutrientes a nivel mental, no crece, no se desarrolla intelectualmente, por lo tanto tiene menos habilidades para poder estudiar y la educación esta relacionada con el embarazo adolescente.

Pero el contexto no es del todo desalentador, lo que se necesita es echar andar sinergias; porque, además, ya contamos con la Ley General de Niñas, Niños y Adolescentes que permite potenciar acciones que rompan, precisamente, ese ciclo lacerante.

La importancia de la transversalidad de todos los instrumentos jurídicos que constituyen este marco legal a favor de la niñez, ayudan necesariamente en llevar a cabo no solo el cumplimiento de un derecho, sino la de muchos otros; la interdependencia de los derechos. Llegar hasta donde estamos, en México, es ya un avance histórico, pero no por ello del todo alentador porque aún falta, como decía, hacer sinergias, sumar y hacer equipo en causas tan nobles como lo es la niñez.

Tenemos las herramientas, queremos niñas y niños sanos, felices y con un desarrollo pleno que les permita disfrutar de la vida y plantearse un panorama realista en ella. Sinceramente, en este sentido es más bien, un asunto de voluntad donde interactúan gobierno y sociedad civil. ¿Si no es por ellos, entonces por quiénes?

 

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