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El Día Internacional de la Mujer, es la fecha que nos permite revisar con detenimiento las condiciones, los indicadores, los obstáculos y retos que enfrentamos las mujeres en todo el mundo.

Siglos de ignominia, de inadvertencia, de descuido y maltrato, han construido una gran paradoja: la sociedad y las instituciones del Siglo XXI, debemos atender como minoría, como grupo desfavorecido y vulnerable, a quienes representamos a más de la mitad de la población mundial.

Este doloroso contraste, nos permite inferir que somos una mayoría, que atada a vivir en la penumbra del progreso y el desarrollo, no ha dejado sentir su talento, su fuerza, su empuje, su visión e ideas al perfeccionamiento de nuestro mundo.

Por ello, hoy somos una mayoría que está obligada a irrumpir en todos los campos de la actividad humana. Somos una mayoría que al ser, al estar, al participar, afinamos la definición de todos los principios, de todas las virtudes y de todos los valores.

Y así lo es, porque somos por excelencia: constructoras de paz, de concordia, de fraternidad, de solidaridad. Ayer, como hoy y como mañana, nuestro papel en la construcción del tejido social y de la paz, es insustituible.

Reconocernos así, llena de un mayor significado al evento de esta tarde, porque los valores que encarnamos, son siempre un aliento de esperanza, de felicidad, de amor.

Es cierto que las mujeres avanzamos con paso firme en todos los campos de la sociedad y eso lo podemos reconocer. Sin embargo, no todas estamos avanzando igual; hoy hay una gran brecha entre mujeres que han consolidado ámbitos de acción plenos de igualdad y millones que siguen viviendo discriminación, violencia, miedo y aislamiento.

No hemos erradicado, por ejemplo, la más dolorosa de las injusticias que una mujer puede vivir, la de sufrir violencia por razón de su género. Pero estoy convencida de que nuestra responsabilidad, hoy, es garantizar que la condición de género no sea más una circunstancia que ponga en desventaja a la mujer.

Sigamos avanzando en nuestro ámbito de desarrollo. Sigamos incidiendo para lograr la igualdad en todos los campos. Sigamos denunciado la violencia de género y trabajando juntas para erradicarla. Seamos ejemplo de dignidad, de honestidad, de probidad y de entrega absoluta en todas las tareas que desarrollamos.

Sigamos dando cuenta del enorme orgullo que sentimos al reconocernos como mujeres integrantes de la generación a la que corresponde consolidar la igualdad. Sigamos...

 

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