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02/Feb/2017
Columna en Milenio

Como un sol entre céfiros y trinos...

Vivir del pasado es algo que resulta improductivo y coincido que "al final no es de extrañar, decía Zunzunegui en Los mitos que nos dieron traumas, ni el hoy ni el mañana pueden existir en un país que en realidad vive en el pasado."

Estos días que la imagen de nuestra Bandera fue el avatar de muchos en sus perfiles de redes sociales, recordé cuando de niños cantábamos en la escuela con fervor –como nos era inculcado–... "Se levanta en el mástil mi Bandera, como un sol entre céfiros y trinos, muy adentro en el templo de mi veneración, oigo y siento contento latir mi corazón..."

El momento por el que atravesamos derivado de las diversas agresiones y manifestaciones despiadadas de Donald Trump hacia nuestro país, ha sido como un golpe que nos ha volcado hacia un lugar donde poco nos gusta ver, buscar, sembrar y mucho menos creer. Sí, así es... hacia nosotros mismos.

Ya lo decía Paz en Máscaras mexicanas, "el mexicano siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás. Lejos, también, de sí mismo." Pero ha llegado el tiempo de perder el anonimato y dejar el hermetismo. Las mexicanas y los mexicanos ya no vivimos tras esas máscaras que nos guarecían del desprecio, de esa vergüenza a la derrota, de una conquista. ¡Hemos aprendido!

Simbólicamente nos hemos aferrado a nuestra Bandera, evitamos que unos cuantos la dejaran caer en plena Plaza de la Constitución, asistimos, ayudamos y nos sumamos, así es el mexicano; dijimos adiós a esas máscaras de indiferencia e incógnitos y dimos rostro a nuestras acciones, a lo que somos y de lo que estamos hechos.

Trump se equivoca, México no es solo crimen y migración. Sin embargo, ha influido de sobremanera que sus animadversiones hacia mi país, como el abono, hagan florecer lo mejor de nuestro jardín, de esta generosa tierra que se llama Estados Unidos Mexicanos.

Quiero que esta exaltación hacia lo mexicano, hacia lo #HechoEnMéxico permanezca cada día en todo lo que hagamos, que sea como ese sello de orgullo que nos hincha el corazón, porque no somos un disimulo de la existencia en el mundo.

Estamos desmitificando la realidad, somos una sociedad más desarrollada y plural, el asunto de los mitos y los héroes son cuestión de un espejo enterrado. Los verdaderos héroes y las heroínas en las que creo, son las y los mexicanos que cada día trabajan y construyen su vida. "Nuestra apuesta debe ser por un mundo de normatividad jurídica y de inteligencia diplomática: la fuerza tiene límites; la razón, no", escribió Fuentes en El espejo enterrado.

 

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