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09/Feb/2017
Columna en Milenio

Al Constituyente Silencioso

"Toca ahora a vosotros coronar la obra, a cuya ejecución espero os dedicaréis con toda la fe, con todo el ardor y con todo el entusiasmo que de vosotros espera vuestra patria, la que tiene puestas en vosotros sus esperanzas y aguarda ansiosa el instante en que le deis instituciones sabias y justas".

Así daba inicio al periodo único de sesiones del Congreso Constituyente, el primer jefe del Ejército Constitucionalista. Un año después, se promulgaba la Constitución Política, un ordenamiento de particular trascendencia no solo para México, sino para el mundo.

Esta Constitución no fue un mero capricho o un antojo de la precoz democracia; nuestra Constitución fue legitimada como un verdadero rugido revolucionario del pueblo que demandaba derechos sociales, políticos, laborales y agrarios, y en una magna obra de materialización jurídica, fueron los constituyentes quienes supieron transformar las necesidades y el pulso del pueblo en leyes e instituciones justas.

Sobra reiterar la vanguardia y adelanto de la Constitución, reconocida por múltiples constitucionalistas nacionales e internacionales; marcó un hito en la historia jurídica mundial, pues funge como la institucionalización de las demandas del pueblo, allegándonos pues, a una nueva etapa del derecho constitucional donde se privilegian los derechos sociales y se abre camino para propiamente referirnos a los derechos humanos.

Este domingo, múltiples autoridades realizamos una peregrinación que todo mexicano (y en especial todo constitucionalista) debe hacer al Teatro de la República, un escenario que debía su nombre al verdadero libertador de la nación mexicana y que no por coincidencia fue bautizado así, pues del mismo modo que él, fue cuna de la transformación de nuestro país. En sus paredes, butacas y techo aún vive el espíritu de la lucha, la revolución y la justicia social, virtudes que todo legislador debe enarbolar en la representación máxima, la representación popular.

Más allá de los diputados constituyentes, hoy debemos recordar a todos los constituyentes silenciosos, a todos aquellos mexicanos que con sudor y sangre lucharon por sus derechos, que por la fuerza recuperaron lo que les era debido y no descansaron hasta que sus ideales moldearon las instituciones para hacerlas más sólidas y justas.

Hace 101 años, el Primer Jefe ponía sus esperanzas en el Congreso Constituyente, hoy a un siglo de distancia, confirmamos la seguridad de su apuesta; la Constitución cada día se vigoriza más, fortaleciendo los ideales revolucionarios en un verdadero Estado de Derecho, que sin duda ya es más bien el sueño constitucionalista de todo constituyente, el verdadero Estado de Derecho Constitucional.

A todos nuestros diputados constituyentes y a nuestros constituyentes silenciosos, gracias por coronar esta magna obra llamada México.

 

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